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La audición vs. la comprensión
Nuestra habilidad de oír comienza a cambiar desde el momento de nuestro nacimiento. A los 20 años, ya no se puede oír algunos de los sonidos que pueden oír los infantes. A la hora de llegar a los 30 o 40 años, típicamente pérdidas importantes pero sutiles han empezado a ocurrir.
Normalmente la audición no disminuye en general siendo todo cada vez más inaudible. En cambio, una pérdida auditiva afecta ciertas frecuencias más que otras. Frecuencias agudas o tonos agudos son los primeros en desaparecer.
En el habla, las vocales, las cuales tienen tonos más graves, siguen siendo escuchadas, pero las consonantes, las cuales tienen tonos más agudos, empiezan a desaparecer. Las consonantes más difíciles de oír son la: b, s, ch, p, t, y z. El resultado es que la persona con la pérdida auditiva tiene dificultad de distinguir palabras como “taza” y “casa” o “fresa” y “presa”. Por eso, muchas personas con una pérdida auditiva reportan que pueden “oír palabras, pero no entenderlas”.
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